Tatuar no es solo dibujar sobre piel.
Es compartir una historia, un momento, un trauma…
Cada sesión es distinta: a veces hay risas, otras silencio, pero es importante la conexión.
Conseguir conectar con tu motivación para representar tu tatuaje, puede permitirme, en ocasiones, aportar información a base de matizar y/o añadir elementos.
Para mi hay algo claro, el proceso es tan importante como el resultado.
Quizás por eso cuido cada detalle, el ambiente, la energía, el ritmo del trabajo…
Para que el tatuaje se viva como lo que es, una experiencia personal y única.
CUIDADO Y RESPONSABILIDAD
Después de la sesión, viene la parte más importante: el cuidado.
Un tatuaje bien hecho necesita atención, respeto y paciencia hasta que cicatrice completamente
Por eso doy siempre las indicaciones necesarias y personalizadas según tu rutina, para que la pieza cicatrice bien y mantenga su fuerza con los años.
La responsabilidad no es únicamente mía: es compartida entre quien tatúa y quien lo lleva.
UNA DECISIÓ INDELEBLE
Llevar tinta en la piel es una decisión que habla de la identidad.
No se trata de seguir modas porque si, sino de marcar algo que tiene sentido para uno mismo.
Por eso valoro a quien se tatúa con conciencia y con alma: porque detrás de cada tatuaje hay una historia que merece respeto.
De la misma manera que disuado a quien veo que duda.
Y eso, para mí, es lo que mantiene viva esta cultura.


